Me gustaría dedicar mi primer post a una persona fundamental en mi vida,
la persona que me transmitió el legado más importante que jamás he
recibido, no es otra persona que mi abuelo, y el legado del que hablo es
el amor por los colores rojiblancos, por el oso y el madroño, y valores
como la humildad, la lucha, la persistencia y el comprender que no
siempre el camino fácil en nuestras vidas es el camino adecuado, que
cuando soñamos con todas nuestras fuerzas podemos superar los obstáculos
mas pantanosos y difíciles, y que de esta forma las victorias saben
mucho mejor. Me enseñó a estar orgulloso de ser del Atlético aún en las
peores derrotas y humillaciones, a levantar la cabeza cuando otros se
reían e intentan pisotear el escudo que tú tanto amabas y por el que
tanto habías luchado, a ser fuertes cuando ya ninguna esperanza te
quedaba y lo dabas todo por perdido, en definitiva a no rendirme ante la
vida por más adversidades que se presentasen. Aún recuerdo con cariño
mis fines de semana cuando era un niño en Gata, un pueblito de la sierra
cacereña donde él vivía y al cual solíamos ir a menudo toda la familia
para disfrutar unos agradables días. A mi llegada a la casa familiar ya
me esperaba mi abuelo con un bocadillo de jamón que acababa de cortar
minuciosamente y una alegre sonrisa en la cara al vernos que nunca se
borrará de mi cabeza. Durante los días que pasábamos juntos, nos
deleitaba con sus entretenidas historias sentado en su sillón mientras
todos los primos escuchábamos atónitos,soltando carcajadas y disfrutando
como indios (nunca mejor dicho) con sus disparatadas hazañas, yo era el
más pequeño de todos y mientras me agarraba con sus grandes y fuertes
manos, aún puedo recordar ese agradable tacto. El momento más especial
era cuando comenzaba el partido del Atleti, ¡¡silencio en la sala!!, mi
abuela sacaba algunos aperitivos antes del comienzo,los primos tomábamos
posición mientras “el jefe” dirigía la orquesta desde su trono con su
bastón en la mano y un brillo especial en su mirada. He de decir que yo
era el que más lo vivía y el que más sufría de todos los presentes, y mi
abuelo orgulloso de ello se lo comentaba siempre a mi madre, le
encantaba que a un niño de 10 años hubiese calado tan profundamente esta
pasión compartida que él nos inculcó en tiempos gloriosos como fueron
los del doblete, pero que también nos enseñó a seguir y continuar
orgullosos en las vacas flacas del descenso, esto que nos hace tan
especiales y diferentes a los demás, el lema de estar en las buenas,
pero en las malas más aún. Disfrutaba viendo como su nieto acababa cada
partido sin uñas y casi sin dedos. Pero nada de esto habría sido posible
si sin que él me hubiese enseñado el camino adecuado, si no me hubiese
sabido ilusionar con con este gran reto en mi vida, descartando otras
sendas más fáciles pero menos reconfortantes. Por esto me gustaría
agradecer eternamente a mi abuelo este legado que me transmitió y me
alegra saber que allá donde esté, disfruta viendo como me ilusiono cada
partido y como me sigo comiendo las uñas como cuando él capitaneaba la
orquesta desde su sillón y sabiendo que me acuerdo de él cada vez que el
Atleti está en lo más alto, donde me enseñó que teníamos que estar
siempre por historia, por coraje y por tradición. Y sé que desde lo más
alto su sonrisa sigue brillando. Cierro este post con una frase que leí y
me gustó mucho “Los abuelos tendrían que ser eternos”. Particularmente
doy mil gracias al mío.
sábado, 13 de octubre de 2012
El legado de mi abuelo
Me gustaría dedicar mi primer post a una persona fundamental en mi vida,
la persona que me transmitió el legado más importante que jamás he
recibido, no es otra persona que mi abuelo, y el legado del que hablo es
el amor por los colores rojiblancos, por el oso y el madroño, y valores
como la humildad, la lucha, la persistencia y el comprender que no
siempre el camino fácil en nuestras vidas es el camino adecuado, que
cuando soñamos con todas nuestras fuerzas podemos superar los obstáculos
mas pantanosos y difíciles, y que de esta forma las victorias saben
mucho mejor. Me enseñó a estar orgulloso de ser del Atlético aún en las
peores derrotas y humillaciones, a levantar la cabeza cuando otros se
reían e intentan pisotear el escudo que tú tanto amabas y por el que
tanto habías luchado, a ser fuertes cuando ya ninguna esperanza te
quedaba y lo dabas todo por perdido, en definitiva a no rendirme ante la
vida por más adversidades que se presentasen. Aún recuerdo con cariño
mis fines de semana cuando era un niño en Gata, un pueblito de la sierra
cacereña donde él vivía y al cual solíamos ir a menudo toda la familia
para disfrutar unos agradables días. A mi llegada a la casa familiar ya
me esperaba mi abuelo con un bocadillo de jamón que acababa de cortar
minuciosamente y una alegre sonrisa en la cara al vernos que nunca se
borrará de mi cabeza. Durante los días que pasábamos juntos, nos
deleitaba con sus entretenidas historias sentado en su sillón mientras
todos los primos escuchábamos atónitos,soltando carcajadas y disfrutando
como indios (nunca mejor dicho) con sus disparatadas hazañas, yo era el
más pequeño de todos y mientras me agarraba con sus grandes y fuertes
manos, aún puedo recordar ese agradable tacto. El momento más especial
era cuando comenzaba el partido del Atleti, ¡¡silencio en la sala!!, mi
abuela sacaba algunos aperitivos antes del comienzo,los primos tomábamos
posición mientras “el jefe” dirigía la orquesta desde su trono con su
bastón en la mano y un brillo especial en su mirada. He de decir que yo
era el que más lo vivía y el que más sufría de todos los presentes, y mi
abuelo orgulloso de ello se lo comentaba siempre a mi madre, le
encantaba que a un niño de 10 años hubiese calado tan profundamente esta
pasión compartida que él nos inculcó en tiempos gloriosos como fueron
los del doblete, pero que también nos enseñó a seguir y continuar
orgullosos en las vacas flacas del descenso, esto que nos hace tan
especiales y diferentes a los demás, el lema de estar en las buenas,
pero en las malas más aún. Disfrutaba viendo como su nieto acababa cada
partido sin uñas y casi sin dedos. Pero nada de esto habría sido posible
si sin que él me hubiese enseñado el camino adecuado, si no me hubiese
sabido ilusionar con con este gran reto en mi vida, descartando otras
sendas más fáciles pero menos reconfortantes. Por esto me gustaría
agradecer eternamente a mi abuelo este legado que me transmitió y me
alegra saber que allá donde esté, disfruta viendo como me ilusiono cada
partido y como me sigo comiendo las uñas como cuando él capitaneaba la
orquesta desde su sillón y sabiendo que me acuerdo de él cada vez que el
Atleti está en lo más alto, donde me enseñó que teníamos que estar
siempre por historia, por coraje y por tradición. Y sé que desde lo más
alto su sonrisa sigue brillando. Cierro este post con una frase que leí y
me gustó mucho “Los abuelos tendrían que ser eternos”. Particularmente
doy mil gracias al mío.
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Me ha gustado mucho este post, tanto que casi podría ser mío en todas y cada una de las palabras.
ResponderEliminarUn abrazo, me alegro que más gente tuviera un abuelo como el mío.
¡¡ Forza Atleti !!
Muchas gracias amigo, me alegra mucho que te haya gustado. Fuerte abrazo y ¡¡Forza Atleti!!
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