martes, 16 de octubre de 2012

Una historia de amistad


 Parecía un día más de ese caluroso Agosto de 1998, yo hacía tiempo en el patio de mi casa pegando a la pelota contra la pared mientras tomaba un sándwich helado, mi padre salió malhumorado y dando voces a reñirme, había estropeado su habitual siesta como de costumbre, no puedo reproducir literalmente donde me mandó, pero con más miedo que vergüenza decidí ir a dar una vuelta al desván que se sitúa en la planta superior de mi casa, era una habitación con alguna que otra telaraña, el polvo recubría una vieja bicicleta, una caja llena puzles, un pequeño camión que me había regalado mi abuelo y otros juguetes de hacía años que habían quedado en desuso, me llamó la atención una caja que contenía varios libros, uno de ellos con una pasta casera y más antigüedad que el resto, se trataba de un diario de aventuras, escrito a mano, pero que misteriosamente no tenía firma alguna. Yo con curiosidad me dispuse a leerlo, se trataba de un diario de dos amigos, y narraban sus apasionantes aventuras vividas juntos, el comienzo de su amistad en el patio del colegio, los bocadillos compartidos durante años en el recreo, sus tardes en la plaza del pueblo jugando al fútbol  los balones encajados en los balcones de los vecinos y pinchados para que no siguiesen molestando con la pelota, sus tardes de paseo en bicicleta, llegando a casa con la ropa negra y los pantalones rotos con las rodillas llenas de heridas, la cabaña de madera que construyeron juntos en el campo de uno de los amigos y donde guardaban una caja con sus objetos personales: una peonza, unos cromos de la liga 1968/1969, una foto en blanco y negro de las chicas que les habían gustado a lo largo de los años, un trébol de cuatro hojas, unas viejas chapas y algunas monedas que habían ahorrado para un viaje que prometieron hacer juntos algún día. Por las tardes de verano iban juntos al río del pueblo donde les encantaba pasarse la tarde metidos en el agua, tenían una colección de piedras con colores y formas extrañas que habían conseguido coger a lo largo de los años. Otra de las historias contaba como el matón de la pandilla quiso pegar a uno de los dos protagonistas, y como el otro amigo se metió por medio del abusón a pesar de que este le sacaba una cabeza, el resultado fue como se esperaba, recibieron golpes ambos, uno sangrando por la nariz y el otro con un gran coscorrón en la cabeza y un moratón en el brazo, pero cuentan como reían a carcajadas viéndose el uno al otro doloridos pero comprobando como habían defendido el uno del otro como de costumbre, sin importarles las consecuencias y orgullosos.
 Cuentan como se adentraron en el bosque una tarde para explorarlo, como empezó a llover a chuzos y los chicos desorientados vieron como se hizo de noche y estos se llenaron de pánico, uno de ellos estaba temblando de miedo, pero el otro sacó valentía de donde puso y le agarró de la mano tirando de él hasta que por fin vieron a lo lejos la luz de una casa, en la que pidieron ayuda, y los dueños de la misma después de darles unos calientes vasos de leche para que entrasen en calor los llevaron con sus preocupados padres, que les castigaron sin salir varias semanas. Podría contaros multitud de historias como estas en las que se muestra una amistad sin límites, y como daban todo el uno por el otro, eran como hermanos. Habían mostrado la lealtad el uno por el otro en cada una de las bonitas historias que contaban. Acalorado pero con intriga me dispuse a leer el último capítulo del diario, solo tenía la letra de uno de ellos, a diferencia del resto de capítulos, en los cuales habían escrito con su puño y letra los dos. Seguí leyendo y vi como a mediados de invierno uno de los chicos había enfermado gravemente, los médicos no sabían de que podía tratarse y la situación empeoraba con el paso de los días, el fiel amigo no se despegaba de la cama del chico enfermo en ningún momento, agarraó fuerte su brazo como cuando este se lo agarró a él cuando se perdieron en el bosque, le prometió que jamás se iba a separar de él y que iban a salir adelante juntos y a llenar de nuevas historias el diario como habían hecho durante años, este otro le contestó que había sido un orgullo cada momento que habían vivido juntos y que le agradecía que no se hubiese separado de él jamás, ni el los peores momentos, que es cuando más se necesita a un amigo, finalmente se fundieron en un fuerte abrazo. Esa noche fue la última que pudieron verse, al día siguiente los peores presagios se confirmaron, su amigo le abandonó tras varias semanas de lucha, habían terminado las últimas páginas del diario juntos, pero este le había dejado un sobre lleno de fotos de los dos, con su primer balón en un cumpleaños, abrazados con el disfraz en carnavales, tirándose a la vez en el río desde una alta roca, con sus bicicletas y sus cascos antes de uno de sus habituales paseos y muchas más. En todas las fotos coincidía la sonrisa de oreja a oreja de ambos, de sus eternas tardes de gloria. Dentro del sobre junto a las fotos aparecía una nota que decía "ni la muerte podrá romper esta amistad". Eso fue lo último que leí, pues por desgracia ahí acabó la última página de esta genial pareja de amigos. Pensativo fui bajando las escaleras del desván, pensando en lo corta que pude ser la vida, pero en lo reconfortante que puede ser si cada día si los aprovechamos como lo lo hicieron este par de amigos y lo disfrutamos junto a las personas que queremos. Si quieres una amistad de verdad cuídala como merece y aprovecha cada momento como si fuera el último, no te separes por mas adversidades que se presenten en el camino, pues en los malos momentos es donde se demuestra ser un amigo de verdad.

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